Historia y Descripción
Sangre, Barro y Anarquía: La Inquebrantable Historia del Club Atlético Basáñez.
En el mapa del fútbol uruguayo existen instituciones con vitrinas repletas de copas, y existen otras cuya grandeza no se mide en oro, sino en la fidelidad de su gente, el arraigo a sus calles y una mística inigualable.
El Club Atlético Basáñez es, sin dudas, el máximo exponente de esa otra vereda del fútbol: la del sudor, la identidad obrera y la rebeldía indomable.
Fundado el 1 de abril de 1920, el club nació en el corazón de La Unión, aunque con el tiempo grabó a fuego su nombre y construyó su hogar, el Estadio La Bombonera, en el barrio Malvín Norte.
Su nombre rinde homenaje a Tomás Basáñez, un influyente terrateniente de la zona cuya huella también quedó marcada en las calles del Buceo.
El nacimiento de una fusión y el origen de sus colores.
La semilla de Basáñez germinó desde la reconciliación. El club nació de la unión de dos equipos vecinos y rivales de la zona: Artigas y Volcán. Decididos a dejar atrás los pleitos barriales para fundar algo más grande, fusionaron sus caminos.
En un principio, como el Artigas vestía de celeste y el Volcán de rojo, los primeros colores del nuevo club fueron el celeste y el rojo. Sin embargo, poco después la historia viró hacia los colores que hoy cruzan el pecho de sus hinchas: el negro y el rojo.
Este cambio no fue casualidad. En un barrio de fuerte ADN obrero, la influencia de los inmigrantes europeos de ideología anarquista fue total. Los colores se adoptaron en homenaje directo a la bandera anarquista, simbolizando la lucha, el coraje y la rebeldía contra la injusticia. La camiseta original lucía bastones verticales rojinegros, hasta que en 1942 se rediseñó para adoptar su clásico formato a dos mitades.
El mito de los "8 siglos" de suspensión: El día que la AUF quiso borrar a Basáñez.
Si hay una leyenda que define la resistencia del club es la famosa sanción de las "ocho centurias". Corría el año 1928 y Basáñez, que venía arrasando en las categorías de ascenso, se enfrentó al hoy extinto Washington F.C.
El partido derivó en una trifulca generalizada de proporciones históricas entre jugadores, dirigentes e hinchas. La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), asustada por el fervor de este cuadro de barrio, tomó una medida draconiana y sin precedentes.
El ingenio popular del barrio y las crónicas de la época recuerdan el mito de que "sancionaron a Basáñez por 800 años".
¿De dónde salió esa cifra de locos? La explicación real es maravillosa: el tribunal decidió darle 20 años de suspensión a cada uno de los 40 implicados (entre futbolistas y directivos). Sumadas las penas de forma acumulativa, daba la absurda condena de 8 siglos de castigo.
Para la AUF, aquello debía ser la muerte del club. Para Malvín Norte y La Unión, fue solo una pausa.
las dos décadas que duró la desafiliación oficial (regresó a la AUF recién en 1948), Basáñez se negó a desaparecer. El cuadro siguió jugando en las ligas independientes de barrio y en los potreros de Maroñas. El fuego se mantuvo encendido en la tierra.
"Que el letrista no se olvide...": Una hinchada brava, fiel y eterna.
Hablar de Basáñez es, obligatoriamente, hablar de su gente. Es una de las hinchadas más populares, seguidas y respetadas del fútbol de ascenso , famosa por su folklore, su combatividad y su fidelidad a prueba de balas.
Su peso en la cultura popular uruguaya es tan grande que el mismísimo Jaime Roos la inmortalizó en las estrofas de su mítica canción Brindis por Pierrot:
Que el letrista no se olvide de la hinchada de Basáñez esa que los periodistas titulan parcialidad..."
Esa fama de "brava" tuvo capítulos oscuros, pero también de enorme injusticia institucional. En 1992, bajo la dirección técnica de Miguel Ángel Puppo, Basáñez logró en la cancha el histórico y ansiado ascenso a la Primera División Profesional. Sin embargo, unos graves incidentes en un partido contra Villa Teresa frente a la policía montada terminaron en una quita de 8 puntos en los escritorios de la AUF, arrebatándole el ascenso en los despachos.
Al año siguiente, en 1993, el fútbol hizo justicia: Basáñez se consagró campeón de la Segunda División y jugó en la máxima categoría del fútbol uruguayo durante las temporadas 1994 y 1995, llegando a debutar con un histórico triunfo ante Nacional en el Estadio Centenario.
El Orgullo de ser de Sangre y Luto.
Hoy, compitiendo en la Primera División Amateur, el Club Atlético Basáñez sigue siendo el fiel reflejo de sus orígenes. Un club de boxeo y fútbol donde se entrena con el alma, donde los muros de La Bombonera respiran la historia de los viejos anarquistas y donde cada fin de semana el barrio se junta a alentar. Porque los campeonatos se festejan, pero la identidad de "sangre y luto" es para toda la vida.
Sedes y Estadios
Estadio La Bombonera
Mallorca S/N esq Mataojo
Segunda Cancha de Basáñez
Camino Carrasco esq Agrigento
Primera Cancha de Basáñez
Rambla Euskal Erría esq Boix y Merino