Historia y Descripción
Club Atlético La Vaquilla: La entrañable historia del cuadro con sabor a pueblo.
Por Juan M. Andrada (Publicado originalmente en el año 2000)
Érase una vez un pequeño insecto de tono grisáceo. Sumamente aficionado a un manjar de color rojo llamado tomate, quizás nunca imaginó que llegaría a ser tan nombrado. Curiosamente, a pesar de los efectos negativos que generalmente acarrea, la sola mención de su nombre llenaría de orgullo a una numerosa y modesta barriada. Es que el Club Atlético La Vaquilla, afiliado a la Liga Isabelina de Fútbol, tuvo siempre sabor a pueblo. A familia, a amistad, a miles de historias y anécdotas jamás contadas que el viento con su silbido se llevó a quién sabe dónde.
Fue siempre el cuadro del barrio. Desde aquellos últimos días del verano de 1940 en que fue creado, atesoró en su interior un millón de tesoros. No deportivos, tampoco económicos, porque nunca fue un cuadro ganador ni pudiente. Siempre fue humilde, y quizás eso mismo le granjeó la simpatía de la gente.
Nació en el barrio La Correntada, en Paso de los Toros, una zona de gente de modesta condición monetaria. En los primeros tiempos, su sede en dicho lugar era el bar "El Tropezón", ubicado en la confluencia de las actuales calles Artemio Correa y Presbítero Barreto. "El Tropezón", todo un símbolo de La Vaquilla y de un tiempo ya ido, era un boliche alegre, poblado de afectos, donde la gente de la zona se reunía a conversar y tomar unas copas.
El curioso origen de un nombre y una camiseta.
Pero a esta altura, más de un lector se preguntará el porqué del singular nombre del cuadro. Sucede que esos insectos eran muy comunes en el barrio. Pero la verdadera razón para que la institución llevara ese nombre surgió impensada y jocosamente cuando una barra de muchachos se reunió en un islote que se formaba junto al Puente del Ferrocarril.
Un personaje que sería famoso en el cuadro, el "Gringo" Barcelo, fue el protagonista principal. Tras ponerse alegre con una bebida alcohólica, lo atacó el sueño y se tendió a dormir en el césped. De pronto, una vaquilla le comenzó a caminar sobre el cuerpo. Esa sería la razón que llevó a la denominación del club que surgiría formalmente el 11 de marzo de 1940.
Pero también daría lugar a una serie de cantos inventados por Barcelo. Después de ese suceso, era frecuente verlo en un carro cantando a voz en cuello:
"Del otro lao del Río Negro hay un carpincho con un tintero en la cola firmano un certificado y La Vaquilla, quilla, quilla, La Vaquilla, quilla, quilla..."
O sino:
"Como quieres que te escriba sabiendo que no sé nada, no tengo papel ni pluma y ando de la cachetada y La Vaquilla, quilla, quilla, La Vaquilla, quilla, quilla..."
Con los ojos de la mente retornamos a aquel 11 de marzo en "El Tropezón" y nos parece estar en aquel lugar. Casi podemos sentir el entrechocar de copas y el murmullo de las risas de los fundadores y los chiquilines del barrio. Los fundadores eran Emilio Álvarez, Perico Rahi (propietario del bar), el "Gringo" Barcelo, Pedro Posadas, el "Negro" Aquino, los hermanos Bermúdez, los hermanos Inzua (Teo y Antonio), los Cerizola, los Ojeda, los Echeño, el "Ñato" Báez y muchos otros.
Uno de los primeros inconvenientes fue entrar en la liga. Los dirigentes del fútbol local no aceptaban el nombre del club por considerarlo ridículo. Luego, todo se solucionó y La Vaquilla comenzó su vida deportiva a nivel oficial.
La camiseta, lógicamente, se decidió que fuera de color gris por la tonalidad del insecto del cual se tomó el nombre. La particularidad sería el tomate bordado en la casaca.
"La Gris Aperlada" y los festejos de barrio.
Todo estaba bien, pero faltaba algo fundamental: un símbolo que pasear orgullosamente por los campos de juego. Faltaba la bandera. Cuando se confeccionó la primera, se colocó frente a "El Tropezón". Hombres, mujeres y niños se dieron cita para contemplar alborozados la enseña de un cuadro que sentían como propio. En la publicación La Voz de la Villa, y a través de una poesía firmada con las iniciales G. de B., se recordó ese momento:
La Gris Aperlada.
Alegría desbordante, redoblar de tamboriles, entusiasmo delirante que llegaba al corazón. Purretadas a montones, las comadres en las puertas y los "muchachos" de firme en el bar "El Tropezón".
Es un barrio floreciente donde todos son hermanos, no interesan los "bolsillos", la moneda, ni el color, es por ello que esta noche el barrio "La Correntada" siente un "algo" muy adentro de su humilde corazón.
En la puerta del "boliche", nuestra sede improvisada, la barriada amontonada y llena de admiración, contemplando está extasiada a la bandera aperlada, la que el cuadrito compró.
Pero hay algo junto a ella que realza su grandeza, es aquel que le dio vida y le entregó su ilusión, su alma que palpitaba, la emoción de las estrellas, su corazón de bohemio que tanto la idolatró.
Y mientras el "Gringo" contento con su mano la acaricia se oye un viva "La Vaquilla" que hace llorar de emoción.
La gloria deportiva: La hazaña del 44.
Quizás la época más gloriosa del equipo fue la temporada 1943-1944. En el 43 ascendió por primera vez a Primera División. Al año siguiente, con el concurso de famosos jugadores provenientes de Oriental, salió campeón de la A.
Una gesta heroica, de aquellas que los aficionados solo olvidan con la muerte, se produjo en un partido precisamente contra Oriental. Era un encuentro decisivo para lograr el campeonato. La Vaquilla iba perdiendo 3 a 0 a falta de 20 minutos para terminar. Mediante un penal se puso 3 a 1, pero Oriental convirtió enseguida el cuarto.
Sin embargo, los milagros a veces ocurren. Vino el segundo, el tercero y el cuarto del conjunto del tomate. A falta de un minuto estaban 4 a 4, pero de nuevo el destino jugaba una mala pasada: penal para Oriental a sesenta segundos del final. Cuando nadie lo esperaba, el "Mono" Domínguez atajó el penal y le pasó el balón rápidamente a su centrodelantero, quien convirtió el gol del triunfo: el 5 a 4 definitivo.
¡Qué triunfo, qué alegría!, recordaba Antonio Inzua a sus 78 años, quien jugó en sus épocas juveniles como lateral izquierdo y derecho. Otro futbolista de los primeros años fue Emilio Álvarez (hijo de uno de los fundadores), quien se desempeñaba como back adelantado o zaguero atrasado.
Los jugadores más destacados del elenco en las primeras épocas fueron Solari, el "Media Res", el "Chueco" Ráriz, "Pito" Fernández y Oscar Romero. Más acá en el tiempo, Pierino Lattuada y Roberto "Tito" Inzua.
Héctor Zollinger fue otro de los jugadores emblemáticos. Jugaba de número 5 y corría como una liebre; era rápido e incansable (quizás justamente porque se dedicaba a cazar liebres). También de vez en cuando dejaba marcados los tapones en las piernas de sus rivales, por lo que era candidato obligado a la tarjeta roja. Sus compañeros le decían en broma: "Sí, vos te hacés echar para encontrarte con tu novia". Eran complicados los partidos contra Huracán, donde jugaba su hermano Humberto, también como volante central. Las relaciones familiares se olvidaban dentro de la cancha: "Jugábamos a muerte", rememoraba Zollinger.
Mística, anécdotas e identidad.
Algo que caracterizó al equipo en la década del 40 fue su particular manera de festejar los triunfos: colocaban tres morteros llenos de pólvora y ladrillo molido, los hacían estallar y el sonido retumbaba en todo el barrio.
Tras las victorias, se coreaban en "El Tropezón" las poesías de Solari y "Varón" Bermúdez:
"Cuando surgió La Vaquilla, algunos se preguntaban: ¿Qué van a hacer en primera los curdas de esa barriada? El cuadro de Don Emilio tiene un sol que por sí brilla, se juntó la muchachada y alborozada hizo surgir La Vaquilla. El cuadro de Don Emilio, juega que es un disparate: donde avanza La Vaquilla no queda ningún tomate."
Una característica de orgullo: nunca se le pagó un peso a ningún jugador. El que vestía la gris aperlada lo hacía por amor al deporte y al barrio.
A lo largo de los años, La Vaquilla atravesó distintas etapas: fue el cuadro humilde, el equipo de los intelectuales (entre los que se encontraba el famoso periodista y poeta Omar Odriozola) y también el equipo de los militares.
La sede social, ubicada en Artemio Correa entre Presbítero Barreto y Leandro Gómez, se construyó en 1965, y la Personería Jurídica se obtuvo en 1987. Presidentes como el Dr. Luis Otormín Mendaro o el Prof. Yamandú Amen Pisani dejaron su huella, al igual que figuras de la política local y nacional como Dardo Freire y Jorge Rodríguez Labruna, quienes en su juventud vistieron la camiseta del club.
En 1988, para intentar superar las dificultades económicas, se proyectó crear una cooperativa que fabricara jabones y desinfectantes. La iniciativa fracasó a último momento por una insólita razón: la dueña de las maquinarias se negó a venderlas porque no simpatizaba con la institución.
Teo Inzua: El alma mater del club.
El tiempo fue pasando y la muerte fue golpeando la puerta de los viejos fundadores. Fue uno de ellos quien tomó el timón de la nave durante décadas y se convirtió en el alma mater indiscutida: Timoteo "Teo" Inzua.
En su juventud, Teo fue golero del elenco y un apasionado del deporte que llegó a competir en la Vuelta Ciclista del Uruguay. Al jubilarse le dijo a su esposa: "Me voy a jubilar para vivir para La Vaquilla". Ponía dinero de su propio bolsillo para camisetas y lo que hiciese falta. Con su carisma único, nadie le decía que no cuando pedía colaboraciones para el club.
Su partida física marcó un antes y un después en la historia de la institución, dejando un vacío imposible de llenar pero un legado imborrable en el corazón de todo el barrio La Correntada y de Paso de los Toros.
Sedes y Estadios
Parque Benito Laguna
Dr Julio Monestier esq Dr Luis Alberto de Herrea