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Escudo

Club Atlético Citroën DESAPARECIDO

Montevideo, Montevideo

Historia y Descripción

El misterioso caso del Club Atlético Citroën: velocidad y fútbol en el Montevideo de 1924.

El fútbol uruguayo está plagado de historias de gigantes que dominan el continente, pero en los pliegues de su historia escrita se esconden pequeños relatos de clubes fantasma. Equipos que brotaron con la fuerza de una pasión vecinal, dejaron su huella en los registros oficiales y desaparecieron sin dejar rastro. Uno de los casos más enigmáticos y fascinantes es, sin duda, el del Club Atlético Citroën.

Esta es la reconstrucción de un club que vivió rápido, dejó una marca iconográfica y se extinguió en el Montevideo de mediados de la década de 20.


1924: Un año de gloria olímpica y efervescencia futbolística.

Para entender el nacimiento del C.A. Citroën hay que viajar a 1924. Uruguay vibraba en la más absoluta sintonía futbolera: la Selección Uruguaya maravillaba al planeta ganando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París. El fútbol era la conversación obligatoria en cada café, esquina y taller de Montevideo.

En ese contexto de euforia, la AUF organizaba la Divisional Extra, que en aquel entonces funcionaba como la tercera categoría del fútbol local (por debajo de la Primera División y la Intermedia). Era un torneo masivo, un ecosistema indomable donde decenas de clubes de barrio se inscribían con el sueño de iniciar su ascenso a la gloria. Fue allí donde el C.A. Citroën inscribió su nombre de manera oficial.


La sede de la calle Magallanes.

El centro neurálgico del club quedó registrado en una sede provisoria ubicada en la calle Magallanes 1089, en pleno corazón de lo que hoy es el límite entre Cordón y Palermo.

Imaginemos la escena de la época: una casa de techos altos o un taller mecánico donde un grupo de jóvenes entusiastas se reunía por las noches a planificar los partidos del fin de semana, coser las camisetas, discutir las alineaciones y guardar los pocos balones e infladores que poseían. En el centro de esa habitación, una bandera cobraba protagonismo.


El enigma de la marca: ¿Fútbol o pasión fierrera?.

El detalle que hace único al C.A. Citroën es su heráldica: en su bandera oficial lucía orgulloso el famoso logotipo de los dos cheurones invertidos, la insignia de la marca automotriz francesa fundada por André Citroën en 1919.

Cualquiera podría pensar en un temprano caso de patrocinio empresarial, pero las fechas rompen esa hipótesis:

El dato histórico: La importación oficial de vehículos Citroën a Uruguay comenzó recién en 1964 (cuarenta años después).

La realidad de 1924: En los años 20, la marca francesa era una rareza exótica en las calles montevideanas, dominadas ampliamente por los Ford T americanos.


¿Cómo llegó el logo a la bandera?

Queda prácticamente descartado que la empresa automotriz tuviera algo que ver con la fundación del club. La explicación más lógica y romántica nos lleva a un grupo de fanáticos de la mecánica y la vanguardia europea. André Citroën revolucionó la industria en los años 20, y las noticias de sus innovaciones (como las famosas travesías en automóvil por el Sahara) llegaban en los periódicos y revistas que desembarcaban en el puerto.

Aquellos fundadores de la calle Magallanes, probablemente vinculados a algún taller de la zona, adoptaron el nombre y el logo como sinónimo de modernidad, velocidad y futuro.


Un paso fugaz y la misteriosa desaparición.

El Club Atlético Citroën compitió en la Divisional Extra de 1924 enfrentando a los duros equipos barriales de la época.

Sin embargo, la aventura duró un suspiro. Al poco tiempo de terminar la temporada, el club no volvió a inscribirse y sus actas se cerraron para siempre.

¿Qué pasó? En la Divisional Extra de los años 20 era habitual que los clubes desaparecieran por razones económicas, falta de un terreno de juego estable (apenas un par de arcos en algún baldío de la periferia) o simplemente porque sus miembros eran llamados a cumplir con el servicio militar o cambiaban de prioridades laborales.

El C.A. Citroën se apagó tan rápido como el motor de uno de sus autos de carrera inspiradores, pero dejó para la posteridad una de las anécdotas más curiosas de nuestro fútbol: el día que los cheurones franceses corrieron detrás de una pelota en las canchas de tierra de Montevideo.

Sedes y Estadios

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