Historia y Descripción
El Solferino Sporting Club: La pizzería, el "tano" y el fútbol romántico de La Mondiola
El fútbol uruguayo está construido sobre historias mínimas que se volvieron gigantes. Muchas de ellas pertenecen a clubes que el tiempo y la modernidad borraron del mapa, pero que dejaron una huella imborrable en el asfalto de los barrios montevideanos. Uno de esos nombres míticos es el Solferino Sporting Club, una institución nacida entre el olor a pan fresco, la inmigración italiana y la bohemia de un Pocitos que hoy costaría reconocer.
Esta es la reconstrucción de su historia, un viaje a la época de los tranvías a caballo, los conventillos de milonga y el fútbol puramente romántico.
El nacimiento: Una pizza, un "tano" y una batalla napoleónica
Corría el 24 de junio de 1915. En la esquina de Rivera y Llambí (que en aquel entonces se llamaba Miguel Barreiro), funcionaba una panadería que era el alma del barrio. La jornada laboral arrancaba en la madrugada, pero el momento sagrado llegaba hacia el mediodía. El dueño del comercio, en un gesto de camaradería, preparaba una pizza para sus empleados y algunos allegados que se arrimaban al calor del horno.
Entre porción y porción, surgió la idea fija de la época: fundar un club de fútbol.
Mientras debatían qué nombre ponerle, un inmigrante italiano —el "tano", que nunca faltaba a la cita de la pizza— tiró un dato sobre la mesa: ese mismísimo día se cumplía un aniversario de la Batalla de Solferino (combate de 1859 clave para la unificación italiana). Imaginen la escena: un grupo de criollos absortos, con la boca llena de pizza, escuchando a un tano apasionado explicar las idas y venidas de Napoleón III, el emperador Francisco José y la historia europea.
El nombre pegó fuerte. Sonaba elegante, combativo y con personalidad. Así, casi de casualidad, nació el Solferino.
Geografía de un Montevideo que ya no existe
Para entender al Solferino hay que entender su entorno. Aquella zona era un paisaje de quintas que subían desde la mítica zona de La Mondiola (26 de Marzo y Buxareo) hasta la "montañita" de Rivera, junto a la vieja estación de tranvías de Pocitos.
La primera cancha del club se instaló en la calle Obligado, a media cuadra de Rivera. Su zona de influencia y "cuartel general" no era una sede lujosa, sino dos puntos clave del barrio:
El Almacén del Espejo: Ubicado en Rivera y Araúcho, propiedad del gallego Balsa. Allí paraban los carreros que iban y venían del Buceo a refrescar la garganta.
El Conventillo de las muchas puertas: Famoso en la época por sus bailongos, su ambiente tanguero y, de vez en cuando, alguna bronca que terminaba a los puños.
Misiones: El rival de todas las horas
El fútbol de barrio necesita un antagonista, y el del Solferino era el Club Atlético Misiones. La rivalidad cruzaba la calle y dividía las pasiones del vecindario. Si el Solferino tenía el conventillo de las muchas puertas, Misiones tenía el Conventillo de Mendi, pegado a la estación de tranvías. Aquello era una fortaleza barrial: 20 piezas, un enorme eucalipto al frente que daba sombra a las charlas futboleras y un taller de calzado al fondo.
La vida social y cultural se dividía entre las canchas y el Cine Latino. Este último era un galpón largo que funcionaba como milonga los fines de semana, pero que también abría sus puertas para espectáculos culturales, funciones benéficas y los elencos filodramáticos (teatro independiente de la época) donde los vecinos se convertían en actores por una noche.
La campaña oficial: Quince temporadas y el sueño de Primera División
Aunque nació como un cuadro de barriada, el Solferino Sporting Club se tomó el fútbol muy en serio. No se quedó solo en el picadito amistoso; se afilió a la Asociación Uruguaya de Fútbol (A.U.F.), donde completó una respetable trayectoria de 15 temporadas de competición oficial entre 1916 y 1931.
Durante casi toda su existencia, el club luchó y animó las siempre difíciles divisionales de ascenso. Sin embargo, el gran hito de su historia llegó en la segunda mitad de la década del 20. El Solferino logró la hazaña y en 1927 disputó el torneo de la Primera División uruguaya.
Aquel campeonato de 1927 fue un torneo masivo y sumamente competitivo. Al Solferino le tocó medirse de igual a igual contra los gigantes y los cuadros consolidados de la época. Tras dar batalla en un calendario larguísimo, terminó en la posición 17 de 20 equipos participantes. Por los feroces sistemas de descenso de la época, esa posición le costó perder la categoría, regresando a las divisionales de ascenso de las que ya no volvería a salir hasta su desaparición en 1931. Pero nadie le quitaría al barrio el orgullo de haber sido de Primera.
La llegada de los grandes y el fin de los "Matungos"
El mapa del barrio cambió para siempre en 1921, cuando Peñarol mudó sus banderas a la Estación Pocitos. En el mismo predio donde antes se domaban los caballos (los "matungos") que tiraban de los viejos tranvías, se levantó el piso de la histórica cancha de Peñarol en Rivera y Brito del Pino (estadio donde, años más tarde en el Mundial de 1930, se anotaría el primer gol de la historia de los mundiales).
Atrás quedaban las épocas de los tranvías a caballo. Los propios vecinos recordaban con nostalgia las correrías de la infancia, cuando los guardias enganchaban por primera vez a las bestias ya domadas para probarlas. Los "chiquilines" del barrio se subían en masa para hacer peso y el tranvía iniciaba su marcha de prueba hasta el Buceo o la Avenida 8 de Octubre.
Con la llegada de los tranvías eléctricos de la Sociedad Comercial de Montevideo, la picardía popular no tardó en redefinir las siglas S.C. de M.: para todo el barrio, significaba "Se Cansaron de Matungos".
El legado del Solferino
Como tantos otros clubes de la era amateur y de la transición al profesionalismo, el Solferino Sporting Club terminó desapareciendo de los campeonatos oficiales, asimilado por el crecimiento urbano y la consolidación de las grandes instituciones.
Sin embargo, su historia sobrevive como el reflejo de un fútbol que ya no existe: el que nacía de la identidad de una esquina, el que se financiaba con la solidaridad del almacenero y el que se fundaba, simplemente, compartiendo una pizza entre amigos al final de la jornada.
Sedes y Estadios
Parque Salud Publica
Ramón Anador esq Alberto Lasplaces
Primera Cancha de Solferino Sporting
Rivera esq Obligado