Historia y Descripción
Los Guardianes de la Curva: Crónica del Viejo Maroñas
La tarde caía sobre los descampados del este de Montevideo a mediados de la década de 1910. El barrio Maroñas, un rincón obrero empapado de olor a herraduras, stud y la adrenalina del hipódromo, veía nacer una nueva religión que se jugaba con los pies. Entre asambleas improvisadas en boliches de copas y esquinas polvorientas de la Curva, un grupo de jóvenes trabajadores decidió que el barrio necesitaba su propia bandera. Así nació el Club Maroñas, vistiendo con orgullo una camiseta de bastones verticales rojos y negros que prometía dar pelea en cualquier barrial donde se plantaran dos arcos. Con el tiempo, el club echó raíces firmes y estableció su sede social y centro de reuniones en la esquina de las calles Sainz Rosas y Piccioli, convirtiéndose ese rincón en el corazón neurálgico donde los vecinos respiraban fútbol y planificaban las hazañas del fin de semana.
El Bautismo y los Años del Barro
Para 1917, el Maroñas ya era un nombre respetado en la periferia. No tenían grandes tribunas, pero les sobraba el empuje. Desde la sede de Sainz Rosas y Piccioli salían los jugadores caminando con los bolsos al hombro hacia las canchas cercanas, que eran feudos donde se corría cada pelota como si fuera la última. Su historia quedó ligada para siempre al nacimiento de otros mitos; la tarde del 26 de mayo de 1918, les tocó viajar hasta la cancha del Manchester para ser los padrinos de bautismo del recién fundado Club Atlético Progreso. Aquel primer partido de los "Gauchos" terminó 2 a 0 en contra del Maroñas, pero selló su estatus como uno de los animadores indispensables del fútbol amateur de la época.
La Gloria del '30: El Año del Maroñas
El destino le tenía reservada su página dorada al club del este. Mientras el país entero miraba hacia el Parque Batlle y la construcción del Estadio Centenario para el primer Mundial de la historia, el Club Atlético Maroñas armó un cuadro de hombres duros y juego vistoso para encarar la Divisional Extra.
Ese año de 1930, el Maroñas barrió a sus rivales en las canchas de la periferia. Serie tras serie, el barrio se congregaba y la sede de las calles Sainz Rosas y Piccioli se desbordaba de hinchas para ver a los "Rojinegros" dominar los torneos zonales y las copas barriales. La campaña culminó con el grito más sagrado: Maroñas se consagraba Campeón Uruguayo de la Tercera Categoría. La mítica esquina del club fue una fiesta de tambores, brindis y banderas negras y rojas que celebraban el logro máximo de su historia.
El Eco del Pasado
Con la llegada de los años 30 y 40, el fútbol uruguayo cambió. El profesionalismo empezó a exigir estructuras más grandes y la aparición de vecinos fuertes como Danubio en 1932 fue acaparando la atención y los corazones de las nuevas generaciones de la Curva.
El Maroñas, fiel a su esencia, empezó a replegarse. Dejó las planillas oficiales de la AUF donde supo competir cara a cara con Liverpool, Cerro y Fénix, y las luces de la mítica sede se fueron apagando lentamente, regresando a su fuente original: el fútbol de barrio, los torneos relámpago y el Baby Fútbol de la zona.
Hoy, cuando el sol se esconde detrás del Hipódromo y el viento arrastra el eco de algún partido amateur, los vecinos que caminan por Sainz Rosas y Piccioli todavía recuerdan que en esa esquina hubo un tiempo en que Maroñas vestía de rojo y negro, y que en el lejano año de 1930, nadie jugaba al fútbol como ellos.
Sedes y Estadios
Otros estadios utilizados
Parque Bolivar Céspedes
Sainz Rosas esq Piccioli
Montevideo Olimpia F.C.
Montevideo Olimpia-Maroñas